Noticias

Cómo murió San Juan de la Cruz: contexto histórico y últimos días

San Juan de la Cruz Murió en Úbeda
Comparte esta noticia

La pregunta sobre cómo murió San Juan de la Cruz lleva inevitablemente a Úbeda, ciudad donde el místico carmelita pasó los últimos meses de su vida y donde culminó una trayectoria marcada por la espiritualidad, los viajes, las fundaciones religiosas y las dificultades personales. Aunque hoy es recordado como uno de los grandes santos y escritores de la literatura española, sus últimos días estuvieron lejos de la tranquilidad. La enfermedad, el dolor físico y las tensiones internas dentro de la propia orden carmelita acompañaron el final de quien había escrito algunas de las páginas más importantes de la mística universal.

Los últimos meses de San Juan de la Cruz

Cuando llegó el año 1591, San Juan de la Cruz tenía 49 años y había dedicado gran parte de su vida a la reforma de la Orden del Carmen junto a Santa Teresa de Jesús. Durante décadas recorrió numerosos caminos de Castilla y Andalucía fundando conventos, acompañando comunidades religiosas y ejerciendo distintas responsabilidades dentro de los Carmelitas Descalzos.

Los estudios biográficos calculan que a lo largo de su vida recorrió más de 26.000 kilómetros, una cifra extraordinaria para la época. Precisamente uno de sus últimos destinos fue el convento de La Peñuela, situado en las proximidades de la actual provincia de Jaén, donde se retiró tras ser apartado de algunos cargos de gobierno dentro de la orden.

Aquellos meses no fueron fáciles. Diversas disputas internas habían reducido su influencia y existía incluso la posibilidad de enviarlo a México. En ese contexto de incertidumbre llegó la enfermedad que acabaría provocando su muerte.

La enfermedad comenzó en La Peñuela

El 12 de septiembre de 1591 empezó a sufrir unas fiebres persistentes. Al principio restó importancia a los síntomas. En una carta dirigida a Ana de Peñalosa escribió que iba a trasladarse para curarse de unas «calenturillas» que llevaba varios días padeciendo.

Sin embargo, la situación era mucho más grave de lo que parecía. Las fiebres no remitían y su estado físico empeoraba progresivamente. Las fuentes históricas apuntan a una infección severa que terminó provocando úlceras, inflamación y fuertes dolores.

Ante la necesidad de recibir atención médica, surgió la cuestión de dónde debía ser atendido.

¿Por qué eligió Úbeda y no Baeza?

Uno de los aspectos más llamativos al analizar cómo murió San Juan de la Cruz es que pudo haber elegido otro destino para recuperarse.

Muchos religiosos consideraban que debía trasladarse a Baeza. Allí había fundado el colegio carmelita, era muy conocido y contaba con amigos que habrían facilitado sus cuidados. Además, las instalaciones ofrecían mejores condiciones para atender a un enfermo.

Sin embargo, San Juan de la Cruz tomó una decisión diferente. Prefirió ir a Úbeda porque allí era menos conocido y no quería recibir privilegios ni atenciones especiales por su condición. Su elección sorprendió incluso a algunos compañeros, especialmente porque el convento ubetense era una fundación reciente y disponía de menos recursos.

A ello se sumaba otra circunstancia: el prior del convento de Úbeda no mantenía precisamente una relación cercana con él. Aun así, el santo insistió en ser trasladado a esa ciudad.

El viaje hasta Úbeda

La salida desde La Peñuela tuvo lugar el 28 de septiembre de 1591. El trayecto fue especialmente duro debido a su delicado estado de salud.

Durante el camino se produjo uno de los episodios más conocidos de sus últimos días. Cerca del río Guadalimar, junto a la antigua Puente Nueva, actual Puente de Ariza, pidió detenerse para descansar. Según los testimonios recogidos posteriormente, manifestó entonces el deseo de comer espárragos.

El detalle llamó la atención porque era finales de septiembre y no era temporada de espárragos. Poco después apareció un manojo sobre una peña en el cauce del río. Los religiosos que lo acompañaban interpretaron aquel hallazgo como algo extraordinario, mientras que San Juan de la Cruz pidió simplemente que se dejara el dinero correspondiente por ellos.

La anécdota refleja el carácter humilde y sencillo que los testigos atribuyeron al santo hasta el final de sus días.

Los meses de sufrimiento en el convento de Úbeda

Una vez instalado en el convento de los Carmelitas Descalzos de Úbeda, la enfermedad siguió avanzando.

Las fiebres se hicieron cada vez más intensas y aparecieron graves complicaciones que le provocaban dolores constantes. A pesar de ello, las crónicas coinciden en señalar que mantuvo una actitud serena durante todo el proceso.

Los testimonios recogidos para su posterior beatificación describen a un religioso que afrontaba la enfermedad con paciencia, sin quejas y con una profunda confianza espiritual. Incluso en los momentos más difíciles continuó mostrando interés por los demás y evitando convertirse en el centro de atención.

Aquella pequeña celda del convento ubetense se convirtió en el escenario de los últimos capítulos de una vida dedicada a la contemplación y a la reforma religiosa.

Cómo murió San Juan de la Cruz

La noche del 13 al 14 de diciembre de 1591 llegó el desenlace.

Consciente de la cercanía de la muerte, pidió reunirse con los religiosos de la comunidad. Durante las últimas horas escuchó lecturas espirituales y participó en las oraciones de los frailes.

La tradición carmelita conserva unas palabras atribuidas al santo poco antes de morir: «Hoy estaré en el cielo diciendo maitines». Horas después fallecía en el convento de Úbeda, a los 49 años de edad.

Por tanto, la respuesta a cómo murió San Juan de la Cruz se encuentra en una combinación de enfermedad, sufrimiento físico y una profunda vivencia espiritual. Falleció tras varios meses de graves dolencias iniciadas en La Peñuela y agravadas durante su estancia en Úbeda, donde afrontó sus últimos días con la serenidad que había reflejado en sus escritos.

El legado tras su muerte

La historia no terminó con su fallecimiento. La fama de santidad que ya tenía en vida provocó una gran devoción hacia su figura. Su cuerpo fue enterrado inicialmente en Úbeda, aunque posteriormente sus restos fueron trasladados a Segovia.

Aun así, la ciudad jiennense conserva una relación especial con su memoria. El convento donde murió alberga importantes testimonios relacionados con sus últimos días y constituye uno de los lugares más significativos para comprender la etapa final de quien escribió obras fundamentales como ‘Noche oscura’, ‘Cántico espiritual’ y ‘Llama de amor viva’.

Más de cuatro siglos después, la pregunta sobre cómo murió San Juan de la Cruz sigue llevando a la misma respuesta: la de un hombre que eligió la humildad hasta el final y que encontró en Úbeda el último destino de un largo camino espiritual.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles. Ver política de cookies